En Panadero Desconocido
Crónicas de un OverFlander dominguero
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Por tierras de Albarracín

La Laponia Española · capítulo 2

Por tierras de Albarracín

200 Km7h

Crónica del día

Llegó el día de seguir el track de las Montañas Vacías… o al menos una parte.

Para hacer la ruta completa necesitaríamos muchos más días, algo que, por desgracia, no teníamos. El track completo que podéis descargar desde esta web ronda los 700 km, así que había que tomárselo con calma.

Salimos con una idea muy clara: empezar la ruta, disfrutar y sin ningún objetivo que cumplir más allá de volver a dormir a Teruel. Y con una premisa fundamental: si nos metíamos en algún berenjenal complicado, se daba la vuelta. Aquí hemos venido a disfrutar, no a sufrir.

Nada más salir de Teruel seguimos el track que llevábamos cargado en Osmand. Las primeras pistas eran sencillas y disfrutonas, de esas que te sacan una sonrisa dentro del casco. Pronto llegamos a La Zahora Albarracín, donde tomamos una pista con bastante inclinación que nos lleva directamente a las murallas de Albarracín, donde hicimos una parada. Desde allí, las vistas son simplemente espectaculares.

Retomamos la marcha y seguimos por esta pista increíble adentrándonos poco a poco en la sierra. Paisajes abiertos, sensación de vacío y esa tranquilidad que solo encuentras en lugares así.

El hambre no tardó en aparecer, así que paramos a la sombra de una cabaña para recargar energías… y, cómo no, hacer un poco el chorra con el dron.

Seguimos avanzando hasta que llegó uno de esos puntos que marcan el día.

Una subida con bastante pendiente y, por culpa de las lluvias recientes, en peor estado del esperado. De esas en las que no hay mucho que pensar: te pones de pie, das gas… y confías.

Yo iba primero y tiré para arriba como un demonio. Juan Fran dejó espacio para no comerse el polvo. No llevábamos intercomunicador —justo ese viaje el Sena de Juan Fran decidió dejar de funcionar—, así que cada uno iba a su ritmo.

Cuando llegué arriba y esperé un rato, empecé a notar que Juan Fran no aparecía.

Mala señal.

Le llamé… y efectivamente, había tocado suelo. Nada grave, pero se había quedado con la moto encima de la bota y necesitaba ayuda.

Bajé rápidamente y entre los dos conseguimos levantar la moto. Por suerte, sin consecuencias importantes. Las defensas de la Africa Twin hicieron su trabajo como campeonas. Solo los retrovisores dijeron basta.

Decidimos bajar al pueblo más cercano (Torres de Albarracín) para tomar un café y hacer una reparación de campo a los retrovisores con la famosa masilla arreglatodo bicomponente. Porque todos sabemos que lo que no se arregla con eso y cinta americana… es que no tiene arreglo.

Después de comentar la jugada y celebrar que todo había quedado en una anécdota, retomamos la ruta por otros caminos… que tampoco defraudaron.

Acabamos regresando a Albarracín y desde allí volvimos a Teruel ya por asfalto, disfrutando de una carretera espectacular.

Objetivo cumplido.

Emoción, paisajes inolvidables y, sobre todo, buena compañía.

Llegamos cansados, sí… pero con esa sonrisa que solo dejan los días que realmente merecen la pena.

Y así...

¡Otro puñado de buenos recuerdos para la saca!

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